viernes, 24 de julio de 2015

1 2, 1 2, improvisando, ¿se oye?

Lo poco que sé de la vida lo aprendrí mal y a destiempo, como todo aquello en lo que pones empeño y muchas ganas. Lo poco que sé de la vida, me lo han enseñado personas y situaciones que jamás seré capaz de olvidar, por mucho que lo intente. Lo poco que sé de la vida, es que a veces el corazón decide cambiar el compás y salta a la pista, de baile, de hielo, o de aterrizaje, sin avisar. Lo poco que sé de la vida, es que las cosas llegan cuando menos lo esperas, y de la forma más imprevista posible. Que desear algo con la ilusión de cuando eras niño, nunca es suficiente, y que el que decide vivir de sueños, tarde o temprano acaba muriendo de realidades. Lo poco que sé de la vida, es que no puedes apostarlo todo al rojo, cuando lo estás viendo todo tan negro. Que no puedes echar a volar, a favor o en contra del viento, cuando tienes las alas enredadas. Lo poco que sé de la vida, es que la palabra justicia solo se utiliza para rellenar huecos en los diccionarios, y para vender(nos)la en discursos que no tienen ningún valor. Lo poco que sé de la vida, es que no siempre el grande vence al pequeño, ni la fuerza gana a la inteligencia; pero si no eres valiente, date por perdido, porque perderás muchas cosas si no lo intentas. Lo poco que sé de la vida, es que no debes agarrarte a nada ni a nadie, porque todo termina yéndose, por ley de vida, o ley de muerte, no lo sé, y cuando eso pasa, la parte de ti que se agarraba a ello, él o ella, se quedará ahí para siempre. Y a veces es tan grande lo que se queda, que ya no sabes cómo seguir.


Lo poco que sé de la vida, como dijo el bueno de Sócrates, es que no sé nada. Sí, no tengo ni puta idea de nada, pero siempre estoy aprendiendo. Y con eso me vale, y con eso me basta.

miércoles, 1 de julio de 2015

Corazón en la maleta.

Tengo una maleta repleta de sueños y proyectos, impacientes por emprender un viaje. Un viaje cuya única meta, sea hacerlos realidad. Y aunque el miedo no cese de pisarme los talones, me he dado cuenta de que ni él, ni nadie, debe parar todo esto. Que no sé ni cuándo, ni cómo, ni dónde empezará el camino. Tampoco tengo ni idea de cuál será el final. No sé si algo se quedará olvidado en el fondo de la maleta, o si tendré que dejarme algún deseo en casa, por exceso de equipaje. Pero lo que sí tengo claro, es que hay días, momentos, en los que el corazón late más fuerte y más rápido, como queriéndome pedir más vida. Y ahí, es cuando todo parece cobrar sentido. Cuando las infinitas definiciones del verbo 'vivir', se alinean, como si de una constelación se tratase. Es en ese instante, cuando la venda que llevaba puesta en los ojos cae al suelo, destapando a su paso, una sonrisa que hacía tiempo que no lucía. Una infantil emoción invade mi cuerpo, y me ayuda a sentirme más fuerte que nunca.


-Camina - dicta un corazón, que aún permanece asustado - camina, hasta que uno de los dos, termine agotado.