martes, 5 de enero de 2016

A Mis Majestades, Los Reyes Magos

Perdonadme por el exceso de confianza, pero creo que ya son muchas cartas escritas con tratos cordiales.
Me resulta extraño no comenzar diciéndoos eso de que este año también me he portado muy bien y que he sido muy buena, pero para qué mentirnos, ni yo sabría deciros realmente cómo he sido. Ojalá sea verdad que vosotros podéis verlo todo y así me decís en qué he fallado, y qué es lo que he hecho bien. Que algo habrá, supongo. Mirad, sí, creo que este va a ser el primer regalo que os pida, o deseo, no lo tengo muy claro.
Mis Majestades, ojalá pudiéseis traerme, de vuelta, todo lo que quiero. Me haría tan feliz abrazar una vez más a los que no están, a los que se sigue echando de menos. Y a los buenos momentos, claro, a esos los agarraría bien fuerte para que no volviesen a convertirse en recuerdos.
Mis muy queridos Reyes Magos, cómo me gustaría volver a llenar los hogares de sonrisas, y de risas que hagan tambalear cada uno de los miedos e inseguridades que no les permiten alzar el vuelo.
Qué tranquilos se verían los países adornados con un poquito de paz. Y qué canciones más bonitas entonarían los corazones llenos de amor.
Ya sé que vosotros solo trabájais una noche al año, por eso puede que esto os suene un poco raro, pero creo que a todos nos gustaría tener algo más de trabajo. Y por supuesto, esta que no nos falte en ninguna carta de las que escriba: salud, para poder disfrutar de todos vuestros regalos.
Me despido de la misma forma en la que comencé a escribiros, pidiéndoos de nuevo perdón. Pero esta vez lo hago por ser avariciosa, por no dejar de pedir demasiado y por no conformarme nunca con menos.
Gracias por no dejarnos perder la ilusión.
Firmado:

P.
(la misma niña
de todas las navidades)

viernes, 1 de enero de 2016

Capítulo primero

Página 1 de 366…
…tu vida es tuya,
que no te engañen.

No, esto no es otra estúpida lista de propósitos de año nuevo. Nunca me ha gustado prometer en vano, y no encuentro motivos para comenzar a hacerlo ahora. Tampoco vengo a deciros que este será mi año, ni el vuestro, porque reniego del hecho de crear falsas ilusiones. Lo que hoy quería gritaros es eso que muchos se empeñan en olvidar, o en hacer que no lo habían entendido bien. Algo tan simple (y a la vez complicado) como que, lo que siempre será tuyo, es tu vida.
Y no he escrito esto pensando en el día de año nuevo. Lo he escrito recordando las veces en las que mi piel ha sido el único paño de lágrimas que estaba a mi alcance. Las veces en las que mi propia mano me agarraba el pelo tras cada arcada. El momento en que aprendí que la sangre se quita mejor con agua fría, y en el que descubrí que ni el calor del verano podría librarme de ciertos escalofríos. No, verán, no comiencen a tacharme de pesimista. Que este escrito también contiene cada una de mis sonrisas de victoria. Todos los empujones que me di cuando había perdido el camino de vuelta a casa, y todas las palmaditas en la espalda, que no tengo claro si fueron premio, pero sí consolación.
Hoy os hablan mis miedos y os abrazan mis sueños. Yo solo me limito a traeros aquí otro cachito de vida. Perdonad, de mi vida. Que no será vuestra, porque esa, esa solo puede perteneceros a vosotros y a nadie más.


Feliz 2016, ¡y aún más felices nosotros!