El viento acercándome un sordo "te quiero" al oído, mientras mi mano busca el tacto de otros dedos con los que enredarse, que aún no haya conocido. Escalofrío. Apagadas las ocho farolas que separan mi casa del final del trayecto en el que mis piernas desean echar a correr como si al llegar a la puerta, fueses tú quien la estuviera abriendo. -Ojalá verme correr no fuese nunca sinónimo de huida.- Escalofrío. Pensar que lo de menos sería esa puerta y esas llaves y esa cerradura, porque estar contigo, sería estar eterna y enteramente en casa, a salvo de lobos ludópatas que tiran fichas a niñas que caminan solas por el sendero equivocado, y (se) cuentan veinte cuando, en realidad, no se han comido ni una. Escalofrío. Porque el invierno hace una semana que nos ha dejado tirados, pero el frío de mis manos piensa acompañarte sin necesidad de estaciones. Escalofrío. Porque te besaría en cada una de las estaciones a las que iría a buscarte, para que ninguna de ellas vuelva a parecernos nunca motivo de despedida. Escalofrío. Porque te siento siempre tan cerca que me creo capaz de incendiar océanos, tocar la Luna y robarle sus siete estrellas a Madrid. Escalofrío. Le he pedido a Sabina otras 500 de esas que dice que pasa olvidando, para que así sumemos las mil, y una, noches de cuento que tanto nos merecemos. Escalofrío. El que me produce el olor a libro nuevo, a historia que comienza sin conocer cual va a ser su final. Escalofrío. Cuando el constante 'continuará' de la vida sustituye al típico 'the end' de las películas de cine. Escalofrío. Qué de cine estás tú, cuando te oigo hablar de un 'nosotros' y se te escapa una sonrisa. Escalofrío.
domingo, 27 de marzo de 2016
sábado, 5 de marzo de 2016
Lucha
Bajo el grito de guerra que aún queda por poner en el cielo. Bajo el más radiante Sol de agosto, la Luna más vacía de todas y el aguacero capaz de calar huesos, y corazones.
Lucho con el frío que este invierno me está haciendo sentir, para evitar que me ardan los dedos cada vez que decido ponerme a escribir de nuevo. Como si estos fuesen los manifiestos que vayan a dar paso a futuras revoluciones, y los esté usando de bandera en un barco que acabará perdiendo el norte en alguno de los vértices que delimitan mi propio Triángulo de las Bermudas.
Lucho porque la palabra 'vencido' suena muy fea. Más aún si cabe, cuando la comparas con la victoria.
Porque rendirte es como aceptar resignado, el fin que habías estado evitando. Y la verdad, yo siempre he sido más de principios.
Porque rendirte es como aceptar resignado, el fin que habías estado evitando. Y la verdad, yo siempre he sido más de principios.
Lucho para que las únicas marcas que se queden en mi cara, sean las de la almohada cuando me acabo de despertar de otro sueño al que no puedo confundir con pesadilla.
Para que tu cuerpo no utilice otro sistema métrico que no disponga de besos como unidad de medida.
Para que las distancias puedan acortarse con ganas mezcladas con mordiscos.
Para que se sepa que a la libertad no solo se la encadena usando grilletes, y que las balas pueden hacer mucho daño sin ser disparadas por alguna arma blanca.
Para que una tradición no vuelva a ser motivo de justificación, y para que al arte nunca se le acuse de ser la causa de algo que no vaya a ser arte.
Que no exista lo innato, los sobreentendidos ni malentendidos. Porque solo aquel que duda, piensa, y quien piensa es el único que consigue mantenerse vivo entre tanto ente sin alma y tanto personaje de ficción.
Lucho por aquellos que no disponen de las suficientes fuerzas para hacerlo, porque siempre he sabido que a quien más le cuesta caer, o ser derribado, es el primero que tiene que tender la mano a aquel que permanece tendido en el asfalto. Porque he crecido rodeada de manos que, llenas de heridas, han sabido curarme con dosis de "aunque pienses que ya no puedes más, levántate y
LUCHA."
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