Un Pilar muy importante en esta familia. Los abuelos no se equivocaban al ponerte ese nombre.
Si hoy pudiese volver a preguntarte cómo estás, lo apostaría todo a que escucharía otro "bien, hija" como respuesta. A día de hoy, todavía me pregunto cómo supiste aguantar tanto sin bajar esa sonrisa. Lo que sí tengo claro es que si los diccionarios tuviesen que reescribir el significado de la palabra fuerza, lo harían pensando en ti en todo momento.
Aún recuerdo el día en el que te dije ese "te quiero, tía". Fue uno de los más sinceros que jamás sabré pronunciar en la vida. Estábamos las dos en la cocina, tú sonriendo, como siempre y a pesar de todo, yo llena de nervios. Ya sabes que soy muy torpe expresando sentimientos si no tengo algo donde antes plasmarlos. Supongo que te diste cuenta de que era el inicio de una larga despedida. Tan larga que seguiré sin decirte nunca ese último "adiós".
Gracias por abrirnos siempre las puertas. Por cuidar de mí cuando papá estaba malito. Por enseñarme lo puta que puede ser la vida y lo fuerte que podemos llegar a ser. Siempre serás ejemplo de mujer y de persona. Mi guardiana. La que coloca la mano en mi pecho para calmar un corazón inquieto. Tú que lo ves todo desde ahí arriba, no me dejes caer nunca por favor.
Felicidades tía. Hoy y siempre.
Te quiero
