Valiente, abre los ojos. Deja de mirarnos al mundo y a mí, como si fuéramos algo sencillo. No te fíes de lo que esta sonrisa te intente decir, mira más allá de esta armadura. Qué 2+2 no siempre van a ser 4. Hace tiempo que aprendí a mentir, a pesar de que todos me dijesen de pequeña que eso no se debía hacer. Hace tiempo que empecé a entender cómo se jugaba en la vida, y aunque en la mayoría de las ocasiones pierda la partida, te aviso que siempre llevo un as bajo la manga. No creas que vas a venir tú ahora a hacerme tu jugada magistral, que yo hace tiempo que la practico (¡a la cárcel vas a venir tú a robar!). Creo que la misma picardía que a tí te falta, es la que a mí me sobra. No trates de sorprenderme, que ese camino ya me lo había andado antes.
Y, ¿crees que tu problema es el tiempo? No valiente, esta vez no se trata de eso. Tu problema, y el mío, es el miedo. Miedo a que te vea, o me veas, y pase lo que no queremos. Miedo a que nos veamos, y no pase lo que queremos. Miedo a que te enseñe mi truco, y empieces a creer en la magia. Miedo a que te haga jaque, y te acabe matando.


