lunes, 17 de diciembre de 2018

Sensaciones propioceptivas

Han pasado muchos años desde la última vez. Muchos. No soy capaz de recordar cuándo fue. No me acuerdo tampoco del cómo. Pertenece a esa parte de mi pasado que quiero olvidar. Esos tiempos oscuros a los que trato de no volver a encenderles la luz. Pero lo he hecho. Lo he vuelto a hacer. Ha sido distinto, no era voluntario, no fue predeterminado. Simplemente sucedió. En el fondo lo deseaba. Sé que llevaba un tiempo buscándolo, perdida, pero sabiendo que lograría encontrarme.
Empezó siendo un juego, divertido, sin mayor importancia. Cuando has sido la pequeña de la casa te acostumbras a que no se te tenga en cuenta, a que muchas cosas las pasen por alto. Todos piensan que te están cuidando, alejándote de la realidad, no dejándote ver los monstruos a los que un día tendrás que enfrentarte sola. Porque lo estarás, por mucho que te prometan que ellos no se irán. Mienten. Todo el mundo lo hace.
Me apoyé en la puerta del baño. Esta vez estaba abierta. No tenía que guardar silencio para que mi hermana no se enterase de que estaba allí. Esperando de nuevo ese dichoso sonido. Asfixiante y liberador a partes iguales. Tenía que aguantar la respiración, aunque esto no me resultaba muy difícil. Aquellas situaciones eran capaces de dejarme inmóvil.
Pero esta vez no. Ahora el ruido me pertenecía a mí. El llanto era solo mío. El reflejo del espejo emborronaba mi figura. Yo era la persona a la que, después de tantos intentos, trataba de escuchar. Y no quise callarme de nuevo.
Cada arcada era un recuerdo tratando de salir por mi garganta. Todos esos gritos que nadie, ni yo misma, me había permitido sacar de dentro. Sentada en el suelo y agarrada al inodoro, parecía querer enviar por el desagüe todo lo que había ensuciado mi estómago y mi mente.
Estaba asustada. Como lo estuve entonces, como lo he estado todo este tiempo. Hay miedos que te acompañan para siempre sin tu permiso. Te hacen temblar cuando te los encuentras de cara. Cuando te acuestas en tu cama sin saber si al día siguiente te despertarás sola en casa. O al escuchar a tu madre llorar. O con el sonido de un golpe, de una sirena, de un portazo o de una llamada del hospital o de la comisaría.
Volví a la cama pasado un buen rato, sabiendo que las cosas no acabarían aunque no me acordase de nada cuando abriese los ojos de nuevo. Igual que lo supe la noche en la que comenzó todo. Seguí llorando, tratando de no marearme aún más con cada vuelta.
Me sentía vacía. Lo único que me llenaba era el dolor. No sé si del recuerdo o simplemente de los estragos del alcohol. Hace tiempo que no puedo sentir. No me lo permito porque no quiero volver a sufrir de aquella forma. No soy creyente, pero estoy segura de que fue un infierno. Ese fuego y ese calor redujo todo a cenizas. Derrumbó los cimientos de una familia que no sabía lo que era separarse. Cortó lazos y destruyó vidas.
Ahora me tiño el pelo del mismo rojo de aquel incendio. Siempre me han gustado las metáforas, aunque creo que esto es más bien un acto de rebeldía. Sí, todos somos culpables. También me quedo callada. No es por seguir dándoles el gusto de no tener que escuchar mi versión, la que a mí me duele, sino porque pienso que no merecen saber más allá de lo que ven en lo que se convirtió mi vida.


sábado, 23 de junio de 2018

Pasen y vean.

¿A caso es esto la vida? Una continua lucha entre el querer y el poder. Un perder lo que quieres, un ganar lo que puedes. Una decepción constante.
¿Es esto la vida? Sacarse los ojos, antes de que lo hagan otros cuervos. Apretar los dientes. Cerrar la boca por miedo a que las moscas se alimenten de lo podridos que llegamos a estar a veces por dentro.
Dime, ¿es esto vida? Mares y campos regados con las lágrimas de quienes tratan de huir sin saber a dónde van, sin saber tan siquiera si llegarán. Muertes tan injustas como inesperadas. Cunetas llenas. Carreteras negras que blanquean y justifican desgastes de fondos. Calles atestadas de personas que se han cansado de sentirse juguete de otros que no quieren jugar, sino hacer daño. Abusos. Corrupción. Desigualdad. Bolsillos sucios, manos limpias y guantes de mago con los que seguir haciendo trucos. -A ver cuándo entienden de una vez que ya no creemos en la magia.- Un gobierno que no gobierna. Medios de comunicación que no comunican. Sistemas educativos que no educan. Una sanidad que no cura. Estúpidos cánones de belleza. Cuerpos no normativos. Sistemas que debieron quedarse atrás hace ya mucho tiempo. Tradiciones impuestas.
¿Qué es esto? Conversaciones vacías, copas llenas de más, celebraciones de menos, corazones rotos, más recuerdos que experiencias y un constante ojalá. -¿Ilusión? No sé de qué me hablas.- Mentiras, (des)engaños, sonrisas fingidas y nudos de garganta que no dejan decir la verdad. -Verdad. Cómo si alguna vez la hubiésemos podido conocer.- Voces, temblores, golpes y arañazos. -¿Cómo vamos a querer a los demás, si no sabemos querernos a nosotros mismos?- Una sabe que las cosas no marchan bien cuando se necesitan más charlas motivacionales y abrazos que agua en mitad del desierto. Sequía. Al amor, como a las plantas, hay que regarlo si se quiere ver crecer.
Señoras y señores, pasen y vean. Este es el circo que hemos creado. Disfruten, mientras puedan, del poco pan que nos queda.



martes, 20 de marzo de 2018

¿?

¿Oyes eso?
Son los cánticos de victoria de una época mucho menos oscura que esta.
¿Lo añoras?
Nunca creí que se podía echar de menos con tanto dolor.
¿Qué pasó?
Supongo que, como dicen por ahí, era demasiado bueno para ser cierto y ... (limpia la última lágrima que ha caído por su mejilla) se acabó.
¿Quién le puso fin?
Yo. La única culpable en esta historia he sido yo.
¿Por qué?
No sabía lo que tenía entre manos. Era la bomba, y explotó. Ahora está todo perdido.
¿No quedan esperanzas?
Debían ser lo último que me faltaba por perder.
¿Quién ha ganado?
El miedo. Él siempre gana, nunca participa.
¿Qué temes?
Que las segundas partes nunca sean buenas.
¿Volverías?
Creo que nunca me fui del todo.
¿Qué traerías de vuelta?
A mí. Ahora no sé quién soy.
¿Te reconocerías?
Lloraría al verme.
¿Qué ves?
Demasiado pasado en un presente que no tiene pinta de tener un futuro.
¿Qué hiciste? ¿Qué haces? ¿Qué harás?
      
      No             lo             sé.