martes, 26 de mayo de 2015

Que siempre estarías conmigo.

Como un niño al que le acaban de decir que el abuelo le cuidará desde el cielo a partir de ahora. Como el enfermo que ve pasar toda su vida, mientras se debate entre la vida y la muerte. Como las estrellas, incapaces de ver el reflejo de la Luna nueva. Como la caída de las hojas con cada regreso del otoño. Como un "adiós" pronunciado entre lágrimas que en realidad querían decir "quédate". Como el grito que fue soltado a los cuatro vientos. Como dos enamorados despidiéndose en la estación de tren. Como una canción inacabada, un borrador, o la frase que después de escrita, fue tachada. Como la carta de despedida que nunca fue leída, ni enviada. Como el artista que ha sido abandonado por su musa. Como Neruda en su poema 20.


Así estoy yo. Echándote de menos, hasta con mi sexto sentido. Pidiéndote que vuelvas en todos los idiomas que conozco. Haciéndole creer a la poesía que no tiene nada por lo que deberías envidiarla. Intentando no olvidar que un día me dijiste que siempre estarías conmigo.

domingo, 3 de mayo de 2015

Absolutamente nada.

Nada es lo quiero contaros cuando escribo, o cuando hablo. Lo que callo, y lo que otorgo. Lo que veo, y lo que oigo. Nada es lo que me duele cuando me pongo a llorar en mitad de la noche. Las lágrimas, los llantos e incluso las sonrisas. Nada es lo que haría yo por verte, o tenerte a mi lado. Nada es lo que me gusta de tí, y lo que me gustaría hacer contigo. Nada es lo que he vivido, y lo que me queda por vivir. El camino, las cicatrices y esa puta jodida piedra. Nada es lo que me apetece hacer. Nada es lo que opino de las injusticias y las mentiras. Lo que me gustaría decir, y no puedo. Nada es lo que me provoca escuchar decir un "te quiero". Nada es lo que contesto cuando me dicen que qué me pasa. Nada es lo que digo cuando me preguntan que qué les debo. Nada es siempre lo que pienso, imagino o siento. Y, hablando de sentimientos, nada es lo que siento yo por tí.



Al final parece que nada, va a acabar siendo todo.