Como un niño al que le acaban de decir que el abuelo le cuidará desde el cielo a partir de ahora. Como el enfermo que ve pasar toda su vida, mientras se debate entre la vida y la muerte. Como las estrellas, incapaces de ver el reflejo de la Luna nueva. Como la caída de las hojas con cada regreso del otoño. Como un "adiós" pronunciado entre lágrimas que en realidad querían decir "quédate". Como el grito que fue soltado a los cuatro vientos. Como dos enamorados despidiéndose en la estación de tren. Como una canción inacabada, un borrador, o la frase que después de escrita, fue tachada. Como la carta de despedida que nunca fue leída, ni enviada. Como el artista que ha sido abandonado por su musa. Como Neruda en su poema 20.
Así estoy yo. Echándote de menos, hasta con mi sexto sentido. Pidiéndote que vuelvas en todos los idiomas que conozco. Haciéndole creer a la poesía que no tiene nada por lo que deberías envidiarla. Intentando no olvidar que un día me dijiste que siempre estarías conmigo.

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