domingo, 21 de junio de 2015

Out of time.

Me he dado cuenta de que las noches, si no tienes con quien compartirlas, son solo otro momento del día. Que existen conversaciones tan vacías que no llevan a ninguna parte, y que se convierten en otro motivo para echar de menos las que una vez significaron tanto. He visto a los sueños bonitos disfrazarse de pesadillas que en muchas ocasiones, tienen nombre y apellidos. Conozco sábanas que no son más que otro refugio en ruinas que acaba desplomándose con tantos gritos enmudecidos, y tantas palabras calladas. También existen guiones de planes y fiestas que nunca se llevarán a cabo. Canciones que hacen abrir lagrimales, y películas sin espectadores. Intentos de besos, corazones a medio latir, y silencios que dejaron de ser cómodos hace ya algún tiempo. He caído en la cuenta de que hace casi 3OO días, y trescientas noches, que nada ha vuelto a ser lo mismo. Y sí, quizás te esté echando de menos. Y sí, ese 'quizás' expresa de todo, menos posibilidad.


Pero, como siempre, he vuelto a darme cuenta tarde. He vuelto a levantarme la falda para bailar, cuando la música ya había dejado de sonar. Y tú no estás, y yo no soy. Y ya no sé cómo decirlo.

lunes, 15 de junio de 2015

"Bon" voyage.

¿Sabes? Lo cierto es que aún sigo buscando la salida de emergencia para este vuelo. Me dijiste que personas como yo, y como tú, debíamos tener una vía de escape para esos momentos en los que ni el tiempo parece querer acompañarnos. Esos momentos en los que sientes que todo va en picado, y tienes miedo de volver a estrellarte. Momentos, en los que no quieres ser pasajero, ni piloto, sino tierra firme. Pero la luz de emergencia lleva un tiempo encendida, y las turbulencias solo son otro impedimento para levantarme tras cada caída. Deberías haberme dicho que no todos los viajes cumplen con su destino. Que sentirse entre las nubes, también conlleva el riesgo de precipitar al vacío. Y esque tantas alturas, han acabado sacando a la luz todos mis vértigos disfrazados de miedo. Me has hecho rozar tantas veces las estrellas, que me han llegado a abrir heridas en las manos. Y ahora no hay besos, ni saliva, que las curen. No hay (a)brazos en los que refugiarse cerrando los ojos, esperando a que vuelva la calma. No existe pista de aterrizaje visible, que acabe con todo esto.