viernes, 27 de febrero de 2015

Re(cuerda)

Si te preguntas qué estoy haciendo, recuerda que la Luna hace rato que ha salido. Que cuando la oscuridad invade mi cuarto, son las letras las que me arropan, y la música la que me acaricia. Hace ya unas horas que les he pedido a las estrellas que me guíen hasta tu portal, para subir corriendo las escaleras, entrar a tu casa, agarrarte de la mano, y pasearte por toda la ciudad, como si fueras mi mayor tesoro robado. Gritar que no pienso dejarte marchar nunca, y perdernos por los callejones con la excusa de hacer que la noche no acabe. Bailar en mitad de un paso de cebra tu canción favorita, y que descubras que me sé la letra entera de memoria. Acabar descalza, con los tacones en la mano, y que te empeñes en llevarme hasta el coche en brazos como en esa película de amor que tantas veces he visto. Ir por el camino largo de vuelta a casa, mientras te cuento lo bien que me lo he pasado esa noche, y que tú sonrías e intentes mirarme de reojo porque no puedas apartar la vista de la carretera. Que me acompañes hasta mi portal, aunque yo insista en que no lo hagas, me susurres lo guapa que iba y me des las gracias por otra noche más de locura. Acabar con un beso 'accidental' y esa sonrisa tonta que solo tú sabes cómo sacarme.


Pero recuerda, hace rato que la Luna ha salido, y con ella brillando, es imposible que me mantenga cuerda.

martes, 17 de febrero de 2015

¿Poesía?

Quizás, poesía es lo que escondes cuando cierras los ojos, eso que no te atreves a pronunciar, ni a escribir en un folio, por temor a que otros lo descubran. Tal vez, es eso que bailas cuando escuchas tu canción favorita, o los garabatos que dibujas en el margen de los cuadernos durante una clase aburrida. Puede que la poesía sea escucharte pronunciar su nombre, o decirle a alguien un "te quiero", cuando realmente lo sientes. Poesía es la fiesta de un viernes noche, la resaca de un sábado por la mañana y la tranquilidad de un domingo por la tarde. El calor del verano, el frío del invierno, y los colores de la primavera y el otoño. Poesía es recibir un mensaje tuyo en la madrugada, verte pasear por mi casa, o comerte a besos. Poesía es cada una de las lágrimas que derramas cuando ya no puedes más, cuando quieres que todo se acabe de una vez. Son, todas y cada una de las sonrisas que se te dibujan entre las comisuras de tus labios. Son, esos abrazos de las personas que tanto quieres, y que a veces no puedes tener contigo. Creo que poesía, es cada noche que pasas en vela, cada insomnio lleno de sus recuerdos, y cada reflejo de la Luna en tu ventana.
En resumen, poesía es todo lo bueno, y lo malo; lo que te hunde, y lo que te mantiene a flote. La poesía es eso que nunca te dejará tirado, porque te acompañará allá donde vayas, aunque tú no lo sepas.


¿Poesía? No sé qué es eso, pero qué bonito suena.

lunes, 9 de febrero de 2015

Llámalo utopía.

Coger un tren con destino a ninguna parte. Perderme, perderte quizás, perder la noción del tiempo. Hacer que las brújulas no encuentren el norte. Que salga el Sol a las doce de la noche, que la Luna me caliente con su brillo cegador. Que se me olvide cuál era tu nombre, o de qué color son tus ojos. Que no recuerde el camino de vuelta a casa, porque todos los lugares sean hogar. Visitar destinos que encerraba en promesas, y que ya no recuerde por qué quería estar allí. Llevar a la locura por bandera y deshacer los nudos que me atan a la cordura. Caminar  bailando con los ojos cerrados, y dejar a un lado la razón y el sentimiento. Borrar la palabra 'miedo' de mi diccionario y reinventar el concepto de la felicidad. Alzar anclas e izar la bandera del barco de mi vida. Levantar el vuelo y sentirme libre. Caerme por precipicios que me lleven a las más altas cimas. Tatuarme en la cara mi sonrisa de victoria, y olvidarme de cómo suena un llanto de vencido.


Llámalo utopía, o simplemente, ganas de comerme la vida. Y si no entiendes todo este caos de letras, no te preocupes; eso significa que la vida te sonríe, o posiblemente, que ya no hay quien me comprenda.

martes, 3 de febrero de 2015

Te (des)conozco.

Siempre había oído decir que el roce hace el cariño, y que cuanto más tiempo pasas junto a una persona, más difícil se te hace luego separarte de ella. Pero nadie me dijo que también puedes echar de menos a una persona que tan siquiera has tocado, una persona a la que no sabes cuántas arruguitas se le hacen en los ojos cuando se ríe, o si su sonrisa es de las de hoyuelo en moflete. Nunca antes unas conversaciones me habían vuelto tan adicta a una persona, ni me habían hecho sentir que una parte de mí se iba con ellas. No sé si es el complejo de poeta que a veces tengo, lo que me hace capaz de enamorarme de las palabras, o es mi necesidad de encontrar a alguien que sepa hablar conmigo de cualquier cosa que se nos pase por la cabeza. El problema, o la virtud no lo sé, de todo esto, es que puedes crear un mundo paralelo de historias en las que ambos seáis los protagonistas, aunque nunca vayan a suceder en un futuro. Pero ahí está la magia de no conocer a esa persona, esa incertidumbre de no saber cómo será. Todo esto te lleva a poner en marcha tu imaginación, y una vez que empiezas, estás perdido. Te has enganchado a alguien, o mejor dicho, a algo que tú mismo has creado y que, por lo tanto, es muy posible que supere a la realidad con creces.


No sé si estaré en lo cierto pero, ya hace casi un año que te (des)conozco y yo, yo no he conseguido olvidarte.

domingo, 1 de febrero de 2015

Strength.

El otro día, alguien me dijo que yo era una chica fuerte. Lógicamente, mi primera reacción fue echarme a reír; pues aquí nadie es fuerte, ya sabes eso de que torres más altas han caído. Todos somos lágrima fácil cuando sentimos lo que late, tocado y hundido. A todos se nos ha venido alguna vez el mundo encima, o hemos sentido que la vida se nos quedaba demasiado grande. Quién no ha recurrido a los abrazos para curar las heridas o ha buscado una boca que le dijese que todo iba a salir bien, que solo era una mala racha más. Quién no ha cerrado los ojos esperando que todo cambiase por arte de magia, o ha apretado los puños con tanta fuerza que, por un instante, parecía que podía romper todo el miedo que llevaba dentro. A nadie nos resulta extraño ver unos lagrimales llorar, cuando la situación no pasa por su mejor momento. Por ahora, no he podido conocer a nadie que sea impermeable al dolor, porque eso es precisamente lo que nos hace humanos, esa capacidad de sentir que algo va bien, o que está a punto de derrumbarse y debemos buscar refugio. Con esto no quiero decir que este sea un mundo de débiles,  ni mucho menos, simplemente quiero recordar, que aquí cada uno lucha por aguantar el tipo lo mejor que sabe. Y como en toda batalla, hay quien va perdiendo, y quien  está más cerca de sentirse ganador.


Recuerdo que, de pequeña, el médico me dijo que el corazón no podía doler. Pues que me explique ahora él, qué es lo que se supone que se siente.