La vida es como ese regalo de cumpleaños al que no sabes qué cara poner cuando lo tienes entre las manos mientras el resto te canta.
Como el mensaje del colega de turno diciendo "tengo algo que contarte" para, acto seguido, dejar de estar en línea.
Hace poco tiempo, mi tía, sabia por años y daños, me dijo que la vida tenía que soñarla y que los sueños había que vivirlos. Recuerdo sus palabras mientras pienso en lo mucho que ha aumentado en estos meses mi lista de cosas por hacer. Algo equiparable a una infinita lista de la compra cuyos artículos comienzan siempre con un 'ojalá' o un culpabilizador 'debería'.
Debería estar llegando a las tantas de vuelta a casa tras una fiesta digna de no poder ser recordada. Debería haberme graduado junto a muchos de mis compañeros y compañeras a los que seguramente no volveré a ver. Debería estar dejándome la voz en aquel festival, en aquel concierto que retumbaría en la cabeza y en el corazón durante todo el día siguiente. Debería estar disfrutando del sol en las amadas terracitas de verano. Debería estar cogiendo un autobús para ir de una vez por todas a ver a J. Debería estar intentando no atragantarme con la comida prometida mientras A no para de hacerme reír, como siempre. Debería ir escuchando la música que H pone en su coche para que esté aún más cómoda en el viaje hacia donde sea que vayamos esta vez. Debería estar abrazando a F en el cine mientras le digo por fin que en verdad sí que le echo de menos cuando se va y no sé cuándo le volveré a ver. Debería estar diciéndole a V que entiendo todas sus movidas y a C que gracias por estar y acallar mis miedos cuando más lo necesitaba. Debería estar celebrando con M su nuevo año y nuestro necesario reencuentro. Debería hacer que S vuelva a sentirse una modelo frente a mi cámara. Debería estar disfrutando de poder pasar más tiempo libre con mi familia. Debería estar dando besos y abrazos, riendo, sonriendo, marcando pasos firmes y seguros hacia un futuro que se abre camino tras una empinada cuesta. Debería ser feliz.
Debería.
Ahora entiendo lo feo que suena repetirse constantemente a una misma ese pesado condicional. Porque a la vida no hay que añadirle más condiciones. Ella sola sabe muy, pero que muy bien, cuándo colocarlas donde menos te lo esperabas. Porque la vida no puede ser un continuo ojalá. Es, ese regalo de cumpleaños al que no sabes qué cara ponerle hasta que por fin descubres cuál es su utilidad.
Y de repente suena el teléfono y al otro lado de la línea escuchas la voz de tu colega: oye, tengo algo que contarte...
