viernes, 21 de agosto de 2015

Ahora, dime

Ahora que la ciudad duerme, dime, ¿puede también el corazón quedarse dormido? Ahora que las luces encienden las calles y apagan las casas, ¿pueden los pensamientos tener un interrumptor que los desconecte de su dueño? Ahora que las sábanas cubren cuerpos cansados, dime, ¿puede un abrazo arropar mejor a quienes luchan sin descanso? Ahora que los cuerpos se buscan bañados en deseo, ¿puede ser hacer el amor la única forma de dar guerra? Ahora que una Luna menguante busca desesperadamente al Sol, dime, ¿será su amor el único imposible de concebir? Ahora que los termómetros hacen bajar el mercurio, ¿puede una noche hacer más fría a una persona que parece haber dejado de sentir? Ahora que los cuentos entrelazan las pestañas de quien los escucha, ¿no son ellos los que nos despiertan y nos abren los ojos cuando nos damos cuenta de que nos los siguen contando, aunque haya pasado un rato desde que ha amanecido? Ahora que las nanas acunan a los recién nacidos, ¿pueden ser sus llantos los que mezan las preocupaciones de unos padres que siempre viven despiertos? Ahora que los monstruos del armario salen a dormir conmigo, dime, ¿acaso no hay peor pesadilla que sentir que siguen vivos? Ahora que el niño sueña, dime tú, pequeño, ¿puede el adulto soñar esta noche contigo? Ahora que esta niña busca tu cobijo, dime, ¿puedes traerme a la noche de vuelta, contigo?


domingo, 9 de agosto de 2015

Querido Destino

Tengo al Destino cogido por las solapas. Le miro a los ojos, y no sé qué trama. Ha arrancado todas sus pestañas, para evitar que le pida más deseos, cuando las soplo como una niña ilusa sopla unas velas de cumpleaños. Mientras, yo le repito, una y otra vez, que no soy valiente por querer luchar tras cada caída. Que intento ser fuerte para que dejen de doler los golpes, y de escocer las heridas. Le advierto, voy a convertirme en una kamikaze más de su juego. Y se ríe. Vuelve a enseñarme esos dientes, prueba de un "aquí soy yo el que manda, estas son mis normas, mi reglamento". Una lengua ensangrentada de tanto morderla, para evitar dar pistas de nada, asoma entre un par de colmillos bien afilados. Apuesto que no será mi sangre la única que haya probado. Sediento. De sangre. De más juego. Como un ludópata, no piensa abandonar la siguiente partida. Pero el premio es demasiado valioso, y no pienso darme por vencida a tan solo unos pasos de la casilla de salida. Una vida, mi vida, me importa más que cualquier lengua venenosa. Que cualquier sonrisa de asesino, en serie. En serio, te lo digo.


Querido Destino, no me desees suerte. Que eso es para los perdedores, y yo hace rato que ya ando perdida.