¿Sabes? Lo cierto es que aún sigo buscando la salida de emergencia para este vuelo. Me dijiste que personas como yo, y como tú, debíamos tener una vía de escape para esos momentos en los que ni el tiempo parece querer acompañarnos. Esos momentos en los que sientes que todo va en picado, y tienes miedo de volver a estrellarte. Momentos, en los que no quieres ser pasajero, ni piloto, sino tierra firme. Pero la luz de emergencia lleva un tiempo encendida, y las turbulencias solo son otro impedimento para levantarme tras cada caída. Deberías haberme dicho que no todos los viajes cumplen con su destino. Que sentirse entre las nubes, también conlleva el riesgo de precipitar al vacío. Y esque tantas alturas, han acabado sacando a la luz todos mis vértigos disfrazados de miedo. Me has hecho rozar tantas veces las estrellas, que me han llegado a abrir heridas en las manos. Y ahora no hay besos, ni saliva, que las curen. No hay (a)brazos en los que refugiarse cerrando los ojos, esperando a que vuelva la calma. No existe pista de aterrizaje visible, que acabe con todo esto.

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