domingo, 27 de marzo de 2016

Escalofrío

El viento acercándome un sordo "te quiero" al oído, mientras mi mano busca el tacto de otros dedos con los que enredarse, que aún no haya conocido. Escalofrío. Apagadas las ocho farolas que separan mi casa del final del trayecto en el que mis piernas desean echar a correr como si al llegar a la puerta, fueses tú quien la estuviera abriendo. -Ojalá verme correr no fuese nunca sinónimo de huida.- Escalofrío. Pensar que lo de menos sería esa puerta y esas llaves y esa cerradura, porque estar contigo, sería estar eterna y enteramente en casa, a salvo de lobos ludópatas que tiran fichas a niñas que caminan solas por el sendero equivocado, y (se) cuentan veinte cuando, en realidad, no se han comido ni una. Escalofrío. Porque el invierno hace una semana que nos ha dejado tirados, pero el frío de mis manos piensa acompañarte sin necesidad de estaciones. Escalofrío. Porque te besaría en cada una de las estaciones a las que iría a buscarte, para que ninguna de ellas vuelva a parecernos nunca motivo de despedida. Escalofrío. Porque te siento siempre tan cerca que me creo capaz de incendiar océanos, tocar la Luna y robarle sus siete estrellas a Madrid. Escalofrío. Le he pedido a Sabina otras 500 de esas que dice que pasa olvidando, para que así sumemos las mil, y una, noches de cuento que tanto nos merecemos. Escalofrío. El que me produce el olor a libro nuevo, a historia que comienza sin conocer cual va a ser su final. Escalofrío. Cuando el constante 'continuará' de la vida sustituye al típico 'the end' de las películas de cine. Escalofrío. Qué de cine estás tú, cuando te oigo hablar de un 'nosotros' y se te escapa una sonrisa. Escalofrío.


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