Como buena escéptica, podría comenzar diciéndoos que eso de la lotería no es más que otra forma de poner a prueba a lo que muchos llaman suerte. Creerán algunos que solo se trata de estadística, otros dirán que solo sirve para perder dinero, y tiempo. Pero luego estamos los que vemos más allá del simple juego de azar. Los que sentimos los nervios de quien reparte esperanza. Los que vivimos la alegría de quien acertó al elegir ese número, y no otro. Que si fechas de cumpleaños, que si tal día la conocí, que si los pares, impares quizás mejor... Oiga mire, que mejor deme usted el que quiera, si esta vez tampoco va a tocar.
Vaya, a la próxima será.
Y entonces te das cuenta, quién necesita más premios que ver a la vida continuar. Que no existe, ni existirá jamás, dinero suficiente para comprar tanto latido, tanto sentimiento. Que no es cuestión de suerte, que no. Dejad de cargarle a ella toda la culpa.
Atentos, os regalo todos los millones que me puedan tocar. De abrazos, me refiero. Y alguna que otra sonrisa, por aproximación. Pero por favor, no os olvidéis de esto: no dejéis nunca de jugar vivir.
Que vuelva a girar el bombo y que caigan las bolitas, pero que jamás caigan con ellas toda esa(nuestra) ilusión.

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