Dichosas las bocas que deboran, tantos besos como copas, sin importarles qué vendrá luego. Y a la mañana siguiente, la cama vacía de remordimientos. Dichosos aquellos que miran lo que no es suyo, que tocan lo que no es suyo, que desean lo que no es suyo, y que, aún así, son correspondidos. Dichosos los que os sentís libres de alzar vuelos y faldas, de desabrochar camisas, de desenredar anzuelos. Ojalá me resultase tan sencillo como a vosotros, soltar un te quiero.
Tranquilos, que yo solo busco el amor que no soy capaz de darme. Lo busco con la inocencia intacta de la adolescente que acaba de dar su primer beso, y no con la pataleta caprichosa de una niña ante la negativa de sus padres a comprarle otro juguete nuevo. Quiero confiar. Y no puedo. Quiero abrazar. Y me fallan las fuerzas. Quiero olvidar. Y me come el recuerdo. Malditas mis ganas de creer de nuevo.
Busco,
Busco,
busco,
busco,
pero no me encuentro.

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