Las noches de verano estaban destinadas a morir ante la vuelta a la rutina del imponente Septiembre. Supongo que eso era lo que hacía todo especial, esa falta de costumbre a sentir tantas ganas de saber de alguien (tú). Fui una torpe; te abría la ventana de mi cuarto por si querías entrar, y se me olvidó cerrar la puerta por si alguna vez te querías escapar. Y te fuiste, igual que llegaste, te fuiste. Fui una cobarde; siempre le mentía al corazón diciendo que ya tendríamos tiempo de hacer declaraciones bajo el juicio de tus ojos. Pero se me olvidaba que en todo aquello no había juicio alguno, todo era locura. Era como saber que estás jugando con fuego, y lucir la más pirómana sonrisa en tu cara. Y así pasó, que con tanta llama, todo acabó reducido a cenizas. Quizás esto estaba destinado a ser así. Seguramente yo solo fui para tí como un cigarro, que una vez que te lo fumas, solo queda el humo impregnado en la piel. Y esque eso es exactamente lo que has hecho. Te has quedado en mí, como lo hace un tatuaje en la piel. Y ahora me veo obligada a usar esa tinta para escribirte.
Ya ves, yo sólo quería darte los "buenos días" en formato susurro, y mira, he acabado pidiéndote que vuelvas en formato verso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario