Es de noche, y hoy la lluvia hace que las lágrimas no tengan tanto miedo de saltar al vacío. Un vacío que he sido incapaz de llenar desde que el sonido de tus mensajes no rompe el silencio al final de otro duro día. Miro por la ventana, como de costumbre, pero hoy las estrellas no están tan deslumbrantes como siempre. Esta noche, parecen querer preguntarme si volverás. Yo me limito a decirlas que no lo sé, pero que deberías hacerlo, porque te dejastes muchas cosas por hacer antes de marcharte sin un "adiós", ni motivos aparentes. Te fuistes, cuando todavía te quedaba por conocer lo mejor de mí. Apuesto que no sabes que mi mermelada favorita es la de arándanos, que odio el azúcar en la leche y que mi chocolate preferido es el negro. Creo que nunca te llegué a hablar de mi extraña obsesión por los números 2 y 8. Tampoco te conté que soy una de las pocas chicas que cuando más guapa se ve, es recién levantada, un sábado por la mañana. Tan siquiera llegastes a ver los ridículos 'pijamas' que me pongo para estar por casa. Sí que te dije que duermo con todos mis peluches en la cama, pero lo que nunca supistes, es que siempre me quedo dormida, abrazada a uno de ellos. Cuando te hablé de que mis películas favoritas son las de risa, amor o miedo, se me olvidó decirte que las últimas, solo soy capaz de verlas en compañía de alguien. Seguro que tampoco sabes que soy la primera que está dispuesta a disfrazarse de cualquier cosa y ponerse a bailar, para sacar una sonrisa a los que más quiero. Planeamos nuestra particular "vuelta al mundo en 80 días" sin decirte que mis ojos se humedecen, cada vez que tengo que separarme de mi familia. No me distes la oportunidad de contarte que siempre he querido que me pinten la espalda con acuarelas, después de besarme los lunares. Y hablando de lunares, tampoco llegastes a ver ese con forma de corazón que se me dibuja encima del escote. Hablamos de las miradas, y de bebernos lentamente a sorbos cuando nos viésemos, pero te quedastes sin saber cómo de amargo puede ser el café de mis ojos. Creo que los dos nos quedamos con las ganas de perdernos por las calles de Madrid hasta acabar tumbados bajo ese inmenso cielo del que tantas y tantas noches hemos hablado. Me enseñastes que dormir no es tan importante cuando tienes a alguien especial con el que gastar madrugadas. Aún no conozco la historia de "Perdona si te llamo amor", porque sigo esperando poder verla contigo, como habíamos pactado. Debo reconocer, que no puedo evitar acordarme de ti cuando escucho tu nombre, o simplemente, cuando te extraño. Gracias a ti, me interesé un poquito más por la belleza de Italia, conocí la valentía del gran William Wallace y me emocioné con el sentimiento del fantástico Ludovico Einaudi. No sé si será casualidad, pero hoy sus notas han decidido acompañarme en este escrito. Recuerdo que me decías, que cuando hablabas conmigo, te olvidabas de las edades. Pues bien, a mí me pasaba exactamente lo mismo. Me describistes a la perfección cuando dijistes, que tenía que ser muy sensible para escribir estas cosas. Lo que nunca, ninguno de los dos imaginamos, es que algún día estos vocablos hablarían de ti. Vaya... parece que la lluvia ha parado. Por desgracia no ha querido llevarse mis lágrimas disueltas en sus gotas. Por último, déjame decirte, que lo que yo necesitaba, no era un "¿te voy a buscar?", sino un "ponte lo primero que veas, y baja, estoy en tu portal". Me quema la idea de que esto acabe tan rápido, pero si algo tuve claro desde el principio, es que nunca quise ser una molestia para ti. Así que, espero que todo te vaya bien, señorito.
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