viernes, 14 de noviembre de 2014

Como una piedra, preciosa.

La decían dura. Dura y fría. Lo que nadie sabía era que esa chica, aparentemente difícil, se rompía en mil pedazos cuando caía a la cama por las noches. Nunca nadie quiso surcar su interior, así su auténtica belleza se convirtió en toda una leyenda. Nadie conoció la piedra preciosa que guardaba dentro, el tesoro, el premio, el botín de tan complicada expedición. Era una chica valiosa, de esas que cuando sabes con quien estás tratando, sientes vértigo al creer que puedes perderla. Tenía un brillo que la hacía única, y si mirabas fijamente sus ojos, eras capaz de caer en el más profundo de los embrujos. 
Pero claro, ella no era bonita a simple vista, y en esta sociedad de mierda, o te silban las calles al pasar, o estás jodida. Pudieron coronarse con un premio de muy alto calibre, un diamante en bruto, pero era más fácil adquirir la piedra ya tallada. Pobres ignorantes.


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