domingo, 16 de noviembre de 2014

Los domingos nunca fueron para mí.

Mira, sé que los domingos no están hechos para mí; y sin embargo, he decidido que hoy era un buen día para sentarme a meditar sobre mis inquietudes. Quizás haya escogido esta fecha porque para mí todos los días de la semana empiezan a tener el mismo nombre. La gente suele decir que la aventura es peligrosa, pero... que prueben la rutina, esa sí que es mortal. Porque... ¿qué importa levantarte un lunes o un viernes, si para tí todos los días tienen el mismo color? Maldita espiral de humo que muchos deciden llamar "vida". Vida, menuda palabra ¿verdad? Quién fuese capaz de encontrarle su verdadero significado. "Que toda la vida es sueño", decía Calderón de la Barca, y que "los sueños, sueños son". Tal vez esta sea una de las definiciones de la vida que más me gustan. Quizás sea la más real, ya que, nos pasamos los días anhelando nuestros sueños. Como el fuego anhela al viento en una noche de San Juan. Sueños, proyectos, deseos... sí, deseos. Esos de los que llenamos la copa cada 31 de diciembre mientras mantenemos el pie izquierdo levantado. Esos que nacen en nuestra cabeza, y acaban mudándose a nuestro corazón. Esos deseos que hacen que, a veces, tu estómago se llene de unos inquilinos muy extraños a los que comparan con mariposas. Pero no es posible que sean ellas las que habiten dentro de nuestro ser; ya que, antes de mariposa deben ser capullo. Y, normalmente este proceso suele ser al revés. Suele tratarse de una metamorfosis retrógrada. Primero, aparecen los deseos, y luego se esfuman. Se disipan en el aire como el humo de un cigarro; lentamente, hasta que los pierdes de vista. Es ahí cuando pienso que Calderón estaba en lo cierto. Que los sueños siempre serán solo sueños, por mucho que nos empeñemos en que sean algo más. Y es probable que no aspiren a un puesto más alto por alguna razón, por algún obstáculo. Seguro que alguna vez has oído hablar del miedo, ¿me equivoco? Ese fiel compañero de viaje que está dispuesto a hacer que pierdas tantas oportunidades, como ocasiones te dé el destino. Quizás ese sea el motivo por el cual los sueños no sean más que eso, sueños. Quizás, ellos y yo estemos compartiendo barrera. Y quizás, ambos deberíamos plantarle cara al miedo. Pero, ¿sabes? Todavía no he encontrado a una persona con tantos cojones como ganas tiene el destino de hundirla. 
Mira, solo digo que llevo mucho tiempo tratando de sonreír a la vida, y ella, aún no me ha dejado comprobar si sus dientes son tan blancos como los copos recién caídos en pleno enero. Pero eh, que siempre estaré dispuesta a echarme unas risas con ella; si me lo permite, claro.


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