viernes, 21 de noviembre de 2014

Tú mi mago, yo tu truco.

Te he soñado tantas veces, que ya te siento al otro lado de mi cama. Y ahora, no sé si odiar sentir tu respiración acariciar mi nuca o alegrarme al pensar que tus brazos rodean mi cintura. No necesito sábanas que me arropen en las noches de invierno, porque estando a tu lado, esas noches dejan de ser frías.  Me conviertes en la protagonista de los cuentos que me susurras bajito al oído antes de irnos a dormir. Dibujas las constelaciones de mis lunares y haces que sea yo la que me convierta en astronauta por un momento. Son tus caricias las que me guían en la oscuridad, y no la luz incandescente de mi cuarto. Cada roce que tus labios marcan en mi piel, es un paso más para alcanzar la Luna. Nunca pude imaginar que serías tú el que me haría creer en la magia.
Y así, como si de un truco se tratase, abro los ojos y vuelvo a ver el otro lado de mi cama tiritando por tu ausencia. Qué idílico se veía todo mientras tenía los ojos cerrados. Ahora vuelvo a la realidad, a las largas noches de insomnio en las que uno de mis pasatiempos favoritos, es esperar un mensaje tuyo que me acelere el pecho izquierdo. Vuelvo a ser la loca ilusa que se enamoró del más grande de los magos. Ni los números del gran Houdini se compararían con los tuyos.


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